Dos continentes, dos objetivos para 2030, dos incumplimientos
Adebayo Akinkunmi Ismaila · Editorial y Comunicación · SkillHeart
Europa aspiraba al 70% de adultos con competencias digitales básicas en 2025 y llegó al 60%. La Unión Africana aspiraba a formar a 300 millones al año. Ninguna cumplió, y no son casos simétricos.

En 2025 la Unión Europea se propuso que el 70% de sus adultos tuviera competencias digitales básicas. Llegó al 60%. En el mismo periodo la Unión Africana se comprometió a alcanzar a 300 millones de africanos al año con formación en competencias digitales. Tampoco ocurrió.
Dos continentes, dos estrategias construidas alrededor de las competencias digitales, dos incumplimientos ya en el registro público. Merece la pena detenerse en esa simetría, porque casi toda conversación sobre una brecha de competencias digitales da por hecho que va en una sola dirección. Los números no sostienen esa forma, y el argumento que se sigue de ellos se expone aparte.
Dos realidades, dichas sin rodeos
Conviene empezar por lo que cada continente ha publicado sobre sí mismo, porque los dos incumplimientos describen problemas distintos y no uno de los dos continentes quedándose atrás respecto del otro.
El programa de la Década Digital de la UE fija un objetivo de 20 millones de personas empleadas como especialistas en TIC en 2030. Eurostat midió 10,4 millones en 2025 y publica él mismo la brecha: 9,6 millones. La cifra crece, pero cada año más despacio. El empleo especializado en TIC creció un 7,1% en 2020 y un 2,6% entre 2024 y 2025, frente a un objetivo que exigiría algo parecido a duplicarlo en cinco años. Este es un continente con más demanda de competencias digitales de la que puede abastecer.
En la región de África de la UIT la forma del problema es distinta. El 38% de la población de la región usó internet en 2024, frente a una media mundial del 68%, y esa media regional esconde una división interna marcada: 57% de los residentes urbanos conectados frente al 23% en zonas rurales. Esto no es una historia sobre falta de demanda de competencias digitales. Es una historia sobre una población joven, de rápido crecimiento y desigualmente conectada, al lado de un continente que no consigue cubrir los puestos especializados que ya ha creado.
Una nota sobre los dos organismos, porque no cubren el mismo terreno. La Unión Africana abarca el continente entero. La región de África de la UIT es una agrupación estadística de 44 economías que excluye el norte de África, así que sus cifras describen el África subsahariana y los estados insulares. Aquí se citan cifras de ambos en paralelo, y nunca sumadas.
La red no es la barrera
El dato más fuerte de todo el conjunto es este. En la región de África de la UIT, el 86% de la población vive bajo cobertura de banda ancha móvil. El 38% usa internet. Casi la mitad de la región vive bajo una señal que no utiliza, lo que convierte la pregunta sobre la capacidad de la red en una pregunta sobre coste, competencias y relevancia.
El coste es la parte más medible. Dos gigabytes de datos móviles al mes cuestan de media el 4,2% de la renta por persona en la región, frente a un objetivo de asequibilidad de Naciones Unidas del 2%. Es el coste más alto en relación con la renta de todas las regiones de la UIT del mundo.
Aquí no hay un solo continente
Cualquier frase que empiece por en África, la gente se mete en problemas de inmediato. Solo dentro de la región de África de la UIT, la penetración nacional de internet va del 11% al 87%. Eso no es ruido estadístico. Es el rango entero que la palabra media estaba escondiendo.
No es un apunte pedante sobre vocabulario. Un financiador, una oficina de convenios de una universidad o una empresa que decide dónde poner su atención toma una peor decisión cada vez que lee africano como una descripción de condiciones compartidas y no como abreviatura de un abanico continental de condiciones muy distintas. La precisión aquí no es cortesía. Es la diferencia entre un plan que encaja en el sitio donde tiene que funcionar y uno que no.
Lo que no se sabe, y quién lo dice
Conviene ser directo sobre lo poco que de esto está medido de verdad. Desde 2019, ocho países de la región de África de la UIT han entregado algún dato sobre competencias en TIC, y uno de ellos, Malaui, tiene datos lo bastante detallados para mostrar cómo de extendidas están unas competencias concretas. La UIT lo dice en su propio informe sin suavizarlo:
Los datos sobre competencias en TIC son casi inexistentes: solo ocho países han facilitado datos sobre el asunto desde 2019 y solo uno ofrece granularidad por nivel de competencia.
El mismo informe pide inversión en recogida de datos para que llegue a ser posible evaluar como es debido el nivel de competencias de la región.
Esa ausencia corta en todas las direcciones a la vez. Afirmar con seguridad que las competencias de la región son bajas está exactamente igual de poco respaldado que afirmar que son altas, porque los datos necesarios para sostener cualquiera de las dos cosas a escala regional no existen. La cautela vale para esta asociación tanto como para cualquiera que se vea tentado de comprimir una brecha en un solo número.
La retención es una objeción real
Hay una objeción a todo lo anterior que merece nombrarse antes de que la nombre otro, porque es la más fuerte que existe y viene de una fuente incuestionable. La propia Estrategia de Transformación Digital de la Unión Africana afirma que hay potencial humano formado localmente que los países africanos tienen dificultades para retener y aprovechar a escala nacional, y propone remedios concretos, entre ellos ajustar los procesos de licitación internacional y apoyar la reintegración de la diáspora.
Una asociación europea que se propone conectar talento africano con oportunidad europea tiene que responder a eso de frente, no esperar a que no salga. La respuesta es que el modelo solo funciona si se construye alrededor de la colaboración distribuida y no del traslado. Nadie tiene que mudarse para que su competencia, su evidencia y su reputación lleguen a una oportunidad, y lo que se gana a tarifas europeas se gasta donde vive la persona.
Uno de los programas en preparación va más allá, y es la razón por la que la objeción se puede responder en vez de esquivar. Launch Lab es aquel cuyo resultado se queda en el país. Equipos mixtos llevan un producto por el ciclo completo y, como un producto validado una vez se puede volver a lanzar, un equipo montado entre varios países puede convertirse en varios negocios independientes, cada uno dirigido en su propio mercado por una de las personas que lo construyeron. Una construcción, varios dueños, varias economías. Formar gente y conectarla con Europa deja el retorno en Europa. Esto lo reparte.
Qué aspecto tiene un equipo intercontinental
Distribuido en vez de trasladado tiene una forma concreta. Una responsable de producto en España, un desarrollador en Nigeria, otra en Kenia, un diseñador en Ghana, un mentor técnico en Europa y una universidad socia en la región, todos trabajando sobre un núcleo técnico común que se prueba en un país, se adapta para otro y se valida en un tercero. Cada mercado acaba con algo construido para sus propias condiciones en vez de importado tal cual, y todo el que lo construyó se queda donde estaba cuando empezó.
Tecnología compartida, conocimiento local, liderazgo distribuido, en ese orden. Es una manera de trabajar más complicada que mover a la persona con la competencia hasta donde esté la oportunidad. Es también la única versión que no se limita a trasladar la escasez del balance de un continente al del otro.
Extractivo o recíproco
Nada de esto descarta la posibilidad de hacerlo mal, y conviene decir claramente qué aspecto tendría hacerlo mal. Un modelo construido sobre reducir costes laborales a empresas europeas es extractivo. Un modelo que trata los estándares europeos como intrínsecamente superiores a los locales es extractivo. Un modelo que forma personas y no devuelve nada al ecosistema en el que se formaron es extractivo, se llame como se llame.
La prueba que se aplica la asociación es la reciprocidad. El intercambio corre en las dos direcciones o no es el intercambio que dice ser, y a qué obliga eso está expuesto entero.
Hay una versión de este trabajo más fácil de gestionar y más fácil de financiar: elegir los países con más talento medible, colocar gente en puestos europeos, contar las colocaciones y dar la brecha por cerrada. Esa versión está descartada a propósito, porque resuelve el problema equivocado. El incumplimiento con el que abre esta entrada no es una escasez de individuos capaces de cubrir un puesto en Europa. Es la ausencia de una estructura que permita a la capacidad viajar sin obligar a la persona a la que va unida a dejarlo todo atrás. A las universidades y las empresas que quieran ayudar a construirla se les está pidiendo primero.
En resumen
- Europa incumplió su objetivo de 2025 del 70% de adultos con competencias digitales básicas, quedándose en el 60%, y la Unión Africana incumplió su compromiso de formar a 300 millones de personas al año en el mismo periodo.
- En la región de África de la UIT el 86% de la población tiene cobertura de banda ancha móvil y el 38% usa internet. La barrera es el coste y la relevancia, no el alcance de la red.
- Una sola media regional esconde un rango nacional que va del 11% al 87%, y por eso el continente no se sostiene como una única categoría de análisis.
- Apenas existen datos fiables sobre el nivel de competencias: ocho países han informado desde 2019 y uno tiene datos de prevalencia, así que afirmar con seguridad en cualquiera de los dos sentidos carece de respaldo.
- La Unión Africana nombra la retención de talento como problema propio. La respuesta aquí es colaboración distribuida en vez de traslado, y un programa cuyo resultado se queda en el país del participante.
